5 de juny de 2018

LOS PARAÍSOS FISCALES DEBEN SER ABOLIDOS, PERO NO POR LOS MOTIVOS QUE CREES


 

Thomas Fazi, William Mitchell

Comúnmente se cree que abordar la elusión y la evasión fiscal es crucial para la viabilidad del estado de bienestar y para la sostenibilidad de las finanzas públicas en Europa. Sin embargo, una correcta comprensión de la economía, nos cuenta una historia diferente.

El dinero no crece en los árboles, ¿o sí?

Tras la reciente divulgación de los llamados Paradise Papers, millones de documentos filtrados que revelan los complejos esquemas utilizados para evitar el pago de impuestos por las personas y sociedades más ricas del mundo -desde la Reina de Inglaterra hasta Facebook-, la Twitteresfera de habla inglesa se inundó con mensajes como "hemos encontrado el árbol mágico que da dinero, ¡está en las Bermudas!" (o algún otro paraíso fiscal mencionado en la filtración). Esto era una referencia a una controvertida declaración de la Primera Ministra británica Theresa May, hecha unos meses antes en la BBC, cuando a una enfermera que no había tenido un aumento salarial en ocho años le dijo que "no hay un árbol mágico que dé dinero", una variación del clásico argumento de "no hay dinero" utilizado desde la crisis financiera para justificar la austeridad.

El comentario de May provocó fuertes críticas. La mayor parte de estas fueron dirigidas a la descarada hipocresía de los conservadores: es decir, al hecho de que negaban aumentos salariales a los trabajadores del sector público y recortaban el bienestar social, mientras que regalaban miles de millones en recortes impositivos a las personas de altos ingresos y a las sociedades. En este sentido, la afirmación de May de que "no hay dinero" fue justamente vista por muchos como una negación obvia de la realidad: el gobierno simplemente se negaba a tomar el dinero de quienes lo tienen. Negar a las enfermeras un aumento salarial era, por lo tanto, una opción política. Pocas personas, sin embargo, impugnaron la premisa básica de la declaración de May: que el dinero no crece en los árboles.

La razón es, simplemente, que la mayoría de la gente comparte esta opinión. Es uno de tantos mitos profundamente arraigados sobre cómo operan los sistemas monetarios modernos, ligado a la creencia más amplia de que los gobiernos, como los hogares, están limitados financieramente y tienen que "financiar" sus gastos a través de impuestos o deudas. La omnipresencia de este concepto erróneo de la economía es testimoniada por la reacción al escándalo de los Paradise Papers y, más en general, por la forma en que se enmarca el debate sobre los paraísos fiscales, especialmente en la izquierda. Los progresistas tienden a formular el argumento contra la expatriación de la riqueza en primer lugar en términos de su impacto en la base impositiva doméstica (la pérdida de recaudación) y, por lo tanto, en el equilibrio presupuestario de los países "fuente". Hace unos años, por ejemplo, Richard Murphy, director de Tax Research UK, estimó que la evasión y la elusión fiscal en conjunto 'cuestan' a los Estados Miembros de la UE alrededor de 1 billón de euros al año en ingresos perdidos, lo que equivale a alrededor del 105 por ciento del gasto total en salud.