19 de desembre de 2015

La Renta Básica Universal: ¿un futuro de Laissez-Faire?



Por Scott Ferguson

Hay un entusiasmo creciente en la izquierda actual sobre la así llamada Renta Básica Universal (RBU), o lo que alternativamente se conoce como Renta Básica Garantizada. Bajo este sistema se entiende que el gobierno ha de proveer a cada persona con una paga regular y lo hará sin requerirle que participe en ninguna forma particular de trabajo social.

La idea, como argumentan Nick Srnicek y Alex Williams[1] en su libro de próxima aparición Inventando el futuro: post-capitalismo y un mundo sin trabajo (Inventing the Future: Post-capitalism and a World without Work, Verso, 2015), consiste en crear un nuevo mecanismo de redistribución que “transformará la precariedad”, “reconocerá el trabajo social”, “facilitará que el poder de clase se organice” y “ampliará el espacio en el cual experimentar cómo organizamos nuestras comunidades y familias”. Con estas metas admirables y deliberadamente ambiciosas, Srnicek y Williams colocan la RBU en el centro de lo que ellos ven como un proyecto crítico valiente, sistémico y visionario: un proyecto que se desplazaría de la crítica a la praxis y reemplazaría una estructura neoliberal en descomposición con un orden más justo y sostenible. ¿Cuál es la meta final de este nuevo orden? El fin del trabajo remunerado y el principio de la era post-capitalista. Como respuesta a la plaga de las recuperaciones sin creación de empleo y la ofensiva de las nuevas técnicas de automatización, Srnicek y Williams concluyen que todas las señales apuntan a una inminente “sociedad post-trabajo” y que la “demanda de la socialdemocracia por el pleno empleo debería ser reemplazada por la demanda del pleno desempleo.”

En manos de Srnicek y Williams, la Renta Básica Universal asciende desde su estatus marginal en los think tanks y las redes sociales a las alturas del rigor intelectual y la sabiduría asociada con la Crítica Teórica. Teóricos como Steven Shaviro ya han empezado a debatir las posibilidades y límites de la revolución de la RBU de Srnicek y Williams, y sin duda continuarán haciéndolo por algún tiempo. Pero antes de sumergirnos en este futuro de la RBU, ofrezco algunas cautelas que podrán parecer palos en las ruedas.

Lo que digo aquí es que Inventing the future de Srnicek y Williams yerra en la forma en que trata el problema del desempleo bajo el neoliberalismo y que su confusa formulación genera un deseo por la RBU que no es solo políticamente perverso sino que contradice el objetivo explícito del libro, esto es, una transformación sistémica. La RBU puede aportar alivio a algunos males contemporáneos, pero sugiero que no puede cargar con el peso de la transformación total que Srnicek y Williams pretenden.

En el núcleo del error analítico de Srnicek y Williams, en mi opinión, subyace una inadvertida  visión liberal sobre el dinero y el desempleo. De acuerdo con el imaginario liberal, el dinero aparece como una cosa finita que pertenece al volátil dominio de los capitales privados y las finanzas. Entonces sobre la base de esa imagen convencional del dinero, Srnicek y Williams presuponen otro de los grandes mitos del liberalismo: que el desempleo es el resultado directo de los caprichos del mercado y de la creciente automatización. Para ser justo, la mayoría de los críticos teóricos inmersos en la economía política marxista subordinan la relación del dinero a un todo que denominan “capitalismo” y desde ahí imaginan el desempleo como un efecto necesario de las transformaciones incontroladas de este todo. La diferencia es que Srnicek y Williams buscan una solución nueva y transformadora a este, al parecer, incurable problema; para ellos, la Renta Básica Universal es justo lo que el doctor recomienda. Dejando atrás los mercados de trabajo colapsando, mientras miramos hacia adelante a un mañana completamente automatizado, estos autores conjeturan que la RBU es la mejor solución disponible.

Sin embargo, cuando uno contempla la escuela heterodoxa de pensamiento económico conocida como Teoría Monetaria Moderna (TMM), descubrimos que de hecho, no hay nada lógicamente inevitable en la visión liberal del dinero y el desempleo sobre las que Srnicek y Williams fundamentan su análisis, y que su proclama por una Renta Básica Universal no solo entiende mal la naturaleza del dinero y su propósito, sino que también traiciona su deseo por una transformación social completa.

Al contrario que en las ortodoxias, tanto de izquierda como de derecha, los economistas de la TMM muestran que la relación monetaria no se reduce a la producción capitalista y las finanzas privadas. En su lugar, sostienen que el dinero es un instrumento público sin límites, que puede ser creado para servir a cada persona y al medio ambiente que le rodea. Más importante, la TMM insiste que el dinero es la primera y principal de las técnicas del gobierno para aprovisionarse de trabajo para el sector público. O como Warren Mosler dice “la moneda, el dinero es la herramienta de aprovisionamiento del estado”.

Sin embargo, cumplir con dicho aprovisionamiento no es una tarea sencilla. El gobierno debe primero socializar el trabajo creando desempleo como una condición generalizada, y por medio de ello convertir el empleo remunerado en una necesidad social básica. Y lo hace, según explica Mosler, simultáneamente imponiendo y obligando al pago de impuestos en una moneda que solo el Estado suministra. Tal es el propósito primario de los impuestos de acuerdo con la TMM. En lugar de la visión convencional, que imagina que los impuestos son el origen de los ingresos del Estado, la TMM muestra que, como emisor de dinero, el gobierno no necesita ingresos monetarios para poder gastar. En su lugar, los impuestos son la herramienta esencial mediante la cual el gobierno establece una moneda, desemplea a la población y asegura que los trabajadores están disponibles para servir a los fines materiales y sociales públicos.

Luego, porque en el origen es el Estado el responsable del desempleo en una economía monetaria moderna, la TMM sostiene que es responsabilidad básica del gobierno el proveer a cada desempleado de una oportunidad significativa y adecuadamente retribuida de aportar a la vida pública. Desde el punto de vista de la TMM, el desempleo no es una consecuencia ni de los mercados ni de la automatización. Más bien, el desempleo resulta del funcionamiento normal de un gobierno creador de moneda. Por esta razón, concluye el miembro de la Modern Money Network Raúl Carrillo en su artículo en The Nation: “Tu gobierno te debe un empleo”.

Con esta frase, Carrillo revela la respuesta alternativa a la devastación neoliberal que la concepción no ortodoxa de la TMM sobre el dinero y el empleo muestra a la vista. La solución de la TMM consiste en: (1) implementar un programa público de Trabajo Garantizado (TG) que cubra el coste de la vida, el cual sitúe el nivel mínimo para el trabajo social y asegure el derecho de todos a participar con pleno sentido en dar forma a la totalidad social y del medioambiente, y (2) extender el sector publico mediante el TG y otros programas públicos, con el objetivo de resolver necesidades urgentes sociales y medioambientales. “La respuesta al problema del desempleo es más empleos”, escribe L. Randall Wray. Y dado que un gobierno emisor de moneda nunca puede quebrar, dice Wray, siempre puede asumir contratar a todo aquel que quiera y sea capaz de participar en la construcción de un mundo mejor.

Encarándolo desde esta perspectiva, el problema del desempleo delineado por Srnicek y Williams, se desplaza desde una crisis capitalista, que señala el fin del trabajo y que requiere una Renta Básica Universal, hacia una crisis de gobernanza y un proyecto potencialmente socialista a gran escala. Ese proyecto consiste en poner los medios de producción en manos comunitarias, para activamente transvalorar la naturaleza y el significado del trabajo remunerado, y en última instancia transformar el todo ecológico y social. De hecho, desde ese punto de vista, la contracción del sector privado puede convertirse en una bendición para el interés público. Cuanto más prescindan de trabajo humano los mercados y las tecnologías de la automatización, a más personas podrá emplear directamente el gobierno para servir fines públicos y medioambientales.

Al mismo tiempo, el Trabajo Garantizado de la TMM, es más que un remedio para el desempleo y subempleo de hoy día. Se presenta para reconfigurar todas las relaciones sociales, definiendo de forma activa las condiciones mínimas de retribución, seguridad e higiene, condiciones de trabajo, permisos retribuidos, etc. Empoderando a los privados de derechos, involucrará a los trabajadores la definición de los valores que dirigen la producción económica y la distribución en su conjunto. Pero sobre todo, el TG de la TMM promete convertirse en una institución social sobre la cual otras puedan ser demandadas y desarrolladas. Cuidado socializado de niños y ancianos, educación accesible para todas las edades, banca postal de bajo coste, sociedades de tenencia de tierras comunitarias, modernización, mantenimiento y sostenibilidad ecológica de edificios, infraestructura pública cultural y artística: esas instituciones pueden ser más fácilmente reivindicadas y obtenidas desde el empoderamiento, la solidaridad y la reciprocidad que el Trabajo Garantizado promete crear.

Por estas razones, en mi opinión, es el trabajo garantizado de la TMM más que la Renta Básica Universal, la clave de todos los objetivos políticos.

Para concluir, encuentro que la proclama de Srnicek y Williams por una sociedad de Renta Básica Universal se parece algo a las soluciones parciales y localistas sobre las que su libro advierte. La RBU sin duda es una mejora sobre el orden neoliberal. Puede que ayude a transformar la precariedad, que reconozca el trabajo social, facilite que se organice el poder de clase y amplíe el espacio en el cual experimentar cómo organizar nuestras comunidades y familias, como sugieren Srnicek y Williams. Sin embargo, dado que la RBU sería una institución, descentralizada, no planificada y sin participación activa, temo que encaja fácilmente con las fantasías neoliberales de inmanente auto-organización, y que por sí sola es estructuralmente incapaz de llevar a cabo las transformaciones amplias y duraderas que Srnicke y Williams anhelan.
Sin un trabajo público garantizado asociado, la Renta Básica Universal es simplemente asistencia social con otro nombre, una solución laissez-faire a la crisis social y ecológica contemporánea. Esto es semejante a conceder becas incondicionales como solución a la crisis de la enseñanza pública. La RBU dice, elige tú, cuida de ti mismo y deja que los dioses de la auto-organización se encarguen de todo. El comunitarismo directo es vital en cualquier orden social. Pero el viejo sueño del Gemeinshaft será inapropiado para establecer y mantener la transformación total que tan desesperadamente necesitamos.

Traducción:  Jorge Amar y David Hervás.


Existe una versión abreviada de este artículo publicada en Counterpunch:

Scott Ferguson es Doctor en Retórica y Estudios sobre Cine por la Universidad de California, Berkeley y trabaja de Profesor de Estudios sobre Cine y Nuevos Medios en el Departmento de Humanidades y Estudios Culturales en la Universidad del Sur de Florida, Tampa.  Blog de Scott Ferguson: https://modernmoneyaesthetics.wordpress.com/


[1] Nick Srnicek y Alex Williams se dieron a conocer en el año 2013 entre el pensamiento izquierdista con su “Manifiesto aceleracionista

ATTAC Castelló no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.