5 d’octubre de 2014

SERVICIOS PÚBLICOS, RENTA BÁSICA Y SU FINANCIACIÓN.



Sandra Soutto.

La Renta Básica es el tema que tiene ocupada a tertulias, media, políticos, pensadores de distintas disciplinas y ciudadanos, en las que parece haberse alcanzado el consenso en cuanto a que es una buena medida para luchar contra la pobreza, la precariedad laboral y el desempleo.

Mientras tanto, y gracias a las políticas económicas aplicadas por los últimos gobiernos de España, nuestro estado del bienestar se diluye entre privatizaciones y externalización de servicios. Vamos perdiendo salud, educación, pensiones, la gestión del agua y diversos servicios de los que hasta ahora podían disfrutar ricos y pobres, cualquiera que lo necesitara. Sí, tal como lo digo, todos sin distinción. Los servicios públicos siempre han sido la mejor herramienta de redistribución del ingreso, y una buena herramienta de distribución de los recursos entre la ciudadanía, siendo su meta proporcionar una satisfacción digna de las necesidades, sin desincentivar el trabajo y sin impedir nadie el acceso a los mismos servicios ofrecidos por el mercado. Y, en general, todos estamos de acuerdo en que los servicios públicos deben ser financiados por el Estado, a través de los impuestos que debe asumir la ciudadanía en función de las capacidades de cada uno.

De pronto, parece que nos hemos cansado de luchar por nuestro estado del bienestar, por nuestros servicios públicos, para abrazar una ilusión, una esperanza o, tal vez, una promesa. ¿Qué nos esta pasando? ¿Nos hemos rendido? ¿Es que la renta básica en dinero nos va a permitir cubrir las necesidades que satisfacen los servicios públicos perdidos o por perder?

Tal vez, recurriendo a la herencia cultural judeocristiana y grecolatina que fundamenta nuestra civilización occidental, encontremos pistas para pensar en el significado de una renta en dinero. Recordemos, que en el paraíso Adán y Eva no trabajaban, pero Dios nunca les dio una renta básica en dinero, sino bienes y servicios ("Hizo Yavé germinar del suelo toda clase de árboles agradables a la vista y apetitosos para comer" Génesis 2,9), y como nunca caían enfermos ni necesitaban educación ni vivienda, ni ropa, no necesitaban dinero.

Hesiodo describe la Edad de Oro en su obra “Los trabajos y los días”, en la que los primeros humanos vivían sin preocupaciones ni trabajo, comían solamente bellotas, frutos silvestres y la miel que destilaban lo árboles, nunca envejecían, bailaban y reían mucho. No necesitaban en la Edad de Oro, pues, ni oro ni dinero.

En ninguno de estos paraísos perdidos los dioses ofrecieron dinero a los humanos para garantizarle una existencia placentera y feliz. Por ello, todas las sociedades han soñado con paraísos como los antes descritos: paraísos sin dinero. Es decir, la búsqueda de la felicidad eterna no incluía el dinero. Entonces, por qué no nos planteamos una renta básica universal en servicios públicos, que nos permita recuperar el estado de bienestar, renacionalizando los servicios privatizados, y garantizando a toda la población la satisfacción de las necesidades básicas, para que puedan tener una vida digna. De esta manera, evitaríamos la mercantilización de los servicios públicos, propósito de las políticas neoliberales. Recordemos algunas de las leyendas de nuestras pancartas exhibidas en recientes movilizaciones: “sanidad publica de todos para todos”; “las pensiones no están en venta”; “yo sí, sanidad universal”; “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”; “la educación es un derecho, no un privilegio”; “la educación no se vende, se defiende”.... Lo teníamos muy claro, no podíamos dejar que nuestros servicios públicos cayeran en manos del mercado, no podíamos permitir que transformaran en mercancía nuestra salud, ni la educación, ni las pensiones, ni el agua. Ni tan solo caer en la trampa neoliberal de afirmar que los servicios seguían siendo públicos y lo que se privatiza es la gestión.

Es el momento de preguntarnos si al dar una renta básica en dinero, ¿no estamos dejando en manos del mercado y al servicio del capital, todo aquello por lo que hemos estado luchando?. ¿Vamos a permitir que los recursos destinados a una renta básica acaben alimentando más burbujas y que siga aumentando la desigualdad y la pobreza?



La pérdida de los servicios públicos afecta, en gran medida a la población femenina, ya que se refieren a tareas que tradicionalmente son desempeñadas por ellas: el cuidado de las personas. ¿A caso se trata de justificar que las mujeres sigan en casa a cargo de todas las tareas reproductivas, lejos del mundo laboral y reafirmando así la distribución de roles patriarcal capitalista? Si las mujeres aceptamos quedarnos en casa con la renta básica, no sólo nos alejamos del mercado laboral, sino también de cualquier forma de interacción sociopolítica. No podemos olvidar lo que nos costó conseguir el derecho a tener un trabajo digno, igual que ellos. ¿Qué nos espera? ¿Seguiremos pluriempleadas con salario y renta básica, mientras otros por no hacer nada recibirán la renta básica, la necesiten o no? ¿Nos quedaremos en casa, con la pata quebrada y con una renta básica?

Mi respuesta es clara, yo prefiero trabajar, ser autónoma e independiente, no me va el rollo mantenida. Por eso pienso que la renta básica está muy bien, si ello implica recuperar nuestro estado de bienestar, y la acompañamos de planes de empleo garantizados por el Estado, que permitan recuperar la actividad económica, y garantizar los servicios que demanda la ciudadanía, como el cuidado infantil, el de las personas mayores y dependientes… en definitiva que garanticen la subsistencia. Porque la subsistencia no puede ni debe estar en venta. 

¿La renta básica eliminará la economía sumergida? 


Me temo que no, en el contexto de una sociedad individualista y consumista, que es la que tenemos, una renta básica universal empujará a los perceptores de la misma a buscar nuevas fuentes de ingreso que les permitan alcanzar los niveles de consumo que desean. Al no tener que trabajar, dispondrán de todo tiempo para incorporarse a una economía sumergida que al desarrollarse al margen de la ley, exige una disponibilidad horaria total, ya sea en los servicios, o en la producción de bienes “just in time” de naturaleza intermitente. Por ello, en cuanto necesiten de otros ingresos para continuar consumiendo, buscarán opciones que les permitan, obtener mayores ingresos con los menores costes posibles. Esto no es algo nuevo, es el mismo fraude que ya se produce entre perceptores de subsidio de desempleo y otras ayudas condicionadas. ¿Qué podemos esperar que pase con un subsidio incondicional?

¿Cómo financiar la renta básica? 


La respuesta no es difícil, ya lo hemos explicado en artículos anteriores, teniendo en cuenta el origen de la crisis, los problemas a resolver (pobreza, desempleo y precariedad laboral), ocasionados por la falta de actividad económica (recordemos que el sector privado genera actividad si puede obtener beneficios), y sobre todo, como nuestro estado no es monetariamente soberano, la renta básica deberá ser financiada por las grandes fortunas, ya sea mediante el impuesto sobre el patrimonio, un impuesto sobre las viviendas vacías, los bienes inmuebles (IBI), sobre los bienes de lujo, o, también, por un impuesto sobre las transacciones financieras que grave todas las operaciones llevadas a cabo en Bolsa. Así, trasladaríamos la carga de la financiación de la pobreza a las actividades improductivas de nuestra economía y a la riqueza atesorada que no produce ningún servicio a la sociedad al estar fuera del mercado. Gravar estos bienes tendría el efecto colateral de que algunos de ellos movilizarían estos activos, ya que muy probablemente, sus titulares, deberán hacer liquido parte de estos activos para poder hacer frente al pago de sus impuestos, y a otros se les daría una utilidad diferente a la meramente especulativa. 

En cuanto a la propuesta de financiar la renta básica con el impuesto sobre la renta (IRPF), no parece la más justa, ya que de ser así, podríamos pensar que las rentas obtenidas del trabajo (el 80% del IRPF aproximadamente) sostendrían la renta básica, cuando de justicia es que lo hagan las grandes fortunas. Así, sólo conseguiríamos desincentivar el trabajo e impulsar el crecimiento de la economía sumergida, ya que, los trabajadores activos deberían mantener a aquellos que no trabajan. Entonces, estamos cargando a los trabajadores con los desempleados existentes en el país. ¿Por qué, si los empleadores son otros? ¿No será que buscan desmotivar al trabajador, y que al final ninguno trabaje? 

La verdad es que, no existe motivo para cargar a los rendimientos obtenidos del trabajo con la responsabilidad de acabar con la pobreza, la precarización laboral y el desempleo, entre otras cosas, porque estos trabajadores son los productores de bienes y servicios reales a distribuir entre la población (trabajadores, pensionistas, desempleados y rentistas), y si no continúan haciéndolo, no habrá ninguna posibilidad de recuperación económica ni social ni política. 


Conclusión


Para terminar, recordemos el triste papel que desempeña el dinero en las mitologías judeocristiana y grecolatina:

  • los treinta siclos de plata que obtuvo Judas por traicionar a Jesús no le sirvieron para mitigar su tormento (Mateo 26:15), y acabó suicidándose.
  • las monedas que los parientes de los difuntos ponen en sus párpados para que el avaro barquero Caronte se cobre el transporte de sus almas al Tártaro.

Por todo ello podemos concluir que:
  1. Sustituyendo las prestaciones en servicio por prestaciones en dinero estamos colaborando en la consolidación total del capitalismo. Por lo que la renta básica universal ha de ser preferentemente en servicios públicos que nos permita recuperar el estado del bienestar, y cuando éste se haya consolidado podremos establecer una renta básica monetaria. Si no, lo que hacemos es de destruir lo colectivo, lo común, para instaurar un sistema individual que aumenta el poder del ciudadano aislado de acceder al mercado, no a los servicios públicos.
  2. Para garantizar el derecho al trabajo y el desarrollo personal de la ciudadanía, es necesario poner en marcha los programas de planes de empleo garantizados, que permitan la reactivación de la economía.
  3. La renta básica monetaria, pensada como una herramienta de lucha universal contra la pobreza, el desempleo y la precariedad laboral, es no sólo factible sino también eficaz y debe ser financiada mediante impuestos sobre las grandes fortunas y sobre los bienes y derechos tradicionalmente inactivos, buscando desincentivar la actividad especulativa y reactivar la economía.





FUENTES:
  • Karl Polanyi, en el Capítulo VI de "La Gran Transformación" en la que predecía los efectos de una mercantilización absoluta:
    "Permitir que el mecanismo del mercado dirija por su propia cuenta y decida la suerte de los seres humanos y de su medio natural, e incluso que de hecho decida acerca del nivel y de la utilización del poder adquisitivo, conduce necesariamente a la destrucción de la sociedad. Y esto es así porque la pretendida mercancía denominada «fuerza de trabajo» no puede ser zarandeada, utilizada sin ton ni son, o incluso ser inutilizada, sin que se vean inevitablemente afectados los individuos humanos portadores de esta mercancía peculiar. Al disponer de la fuerza de trabajo de un hombre, el sistema pretende disponer de la entidad física, psicológica y moral «humana» que está ligada a esta fuerza. Desprovistos de la protectora cobertura de las instituciones culturales, los seres humanos perecerían, al ser abandonados en la sociedad: morirían convirtiéndose en víctimas de una desorganización social aguda, serían eliminados por el vicio, la perversión, el crimen y la inanición. La naturaleza se vería reducida a sus elementos, el entorno natural y los paisajes serían saqueados, los ríos polucionados, la seguridad militar comprometida, el poder de producir alimentos y materias primas destruido. Y, para terminar, la administración del poder adquisitivo por el mercado sometería a las empresas comerciales a liquidaciones periódicas, pues la alternancia de la penuria y de la superabundancia de dinero se mostraría tan desastrosa para el comercio como lo fueron las inundaciones y los períodos de sequía para la sociedad primitiva. Los mercados de trabajo, de tierra y de dinero, son sin ninguna duda esenciales para la economía de mercado. No obstante, ninguna sociedad podría soportar, incluso por un breve lapso de tiempo, los efectos de semejante sistema fundado sobre ficciones groseras, a no ser que su sustancia humana y natural, así como su organización comercial, estuviesen protegidas contra las devastaciones de esta fábrica del diablo."
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  •  ¿Qué renta básica? Vicenç Navarro
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