8 de juny de 2014

PEQUEÑA GUÍA DE RESISTENCIA A LA EUROPA DE LA AUSTERIDAD



  

ATTAC FRANCIA, ABRIL DE 2014                                FRANÇAIS https://es.santandertrade.com/commun/images/atlas/drapeaux/drapeau_france.gif

Desde que estalló la crisis, los gobiernos europeos y la Troika- la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional- aplican recortes presupuestarios en los programas sociales (austeridad) y políticas que sirven las multinacionales y los inversores privados (competitividad). Pero esas medidas suscitan fuertes resistencias sociales en numerosos países europeos.

La apisonadora de las medidas de austeridad y competitividad está bajo el signo de TINA, el apodo de Margaret Thatcher: There Is No Alternative (“no hay alternativa”). Así, en toda Europa, los gobiernos, tanto de derecha como de izquierda, aplican el mismo programa, inevitablemente presentado como “doloroso pero necesario”. Y eso a pesar de tener resultados catastróficos: agravamiento del paro, de la crisis económica, tensiones sociales,... y el vigoroso retorno de la extrema derecha.

Sin embargo, existen alternativas. Movimientos sociales se alzan en los países más afectados por la crisis, protestando por las privatizaciones, los retrocesos sociales, la destrucción de la sociedad y de la naturaleza. Estas luchas, que intentan coordinarse a nivel europeo, se multiplican y diseñan otros proyectos de sociedad, poniendo las necesidades ecológicas y sociales de todas por delante del lucro de una minoría.

Con esta pequeña guía, ATTAC os propone un repaso de lo que está en juego con las políticas llevadas a cabo en Europa, así como de las luchas y alternativas que se desarrollan en su seno. Estamos convencidas de ello: los movimientos de resistencia a la ofensiva neoliberal que tienen lugar en Europa pueden unirse y así invertir la tendencia.


CUANDO LA COMPETITIVIDAD INTOXICA LA SOCIEDAD

La “competitividad” se ha vuelto el único horizonte de las políticas públicas de los gobiernos europeos. Promete un futuro mejor al estimular el crecimiento económico y el empleo. El principio es simple: en un contexto de libre circulación del capital, las economías europeas están compitiendo para atraer inversores y empresas.

Para mantener elevados niveles de empleo y de crecimiento, los gobiernos sólo tendrían una alternativa: doblegarse a la voluntad de los mercados. Fiscalidad de mínimos, rebajas en las normas medioambientales, exoneración de cotizaciones patronales, derechos sociales a la baja, privatizaciones... Un verdadero dumping social y medioambiental que le cuesta caro a la colectividad.

Por supuesto que no sería “competitivo” hacerles pagar el precio a los empresarios o a los más ricos (los inversores potenciales...): por lo tanto, es a las clases medias o populares a quién se pide contribución, a través del aumento de los impuestos sobre el consumo, como el IVA. Por toda Europa la fiscalidad sobre las empresas se ve aligerada en detrimento de los hogares.

Competitividad obliga: se grava menos a los factores llamados móviles (el capital, las rentas más elevadas) y más a las clases populares y medias. En Grecia esta lógica se lleva al extremo: con una bajada del impuesto sobre beneficios de las empresas (del 25% al 10%) y un incremento de los impuestos sobre el consumo, las empleadas y jubiladas soportan el 55,5% de la carga fiscal, con solamente el 28% para las empresas. Un verdadero "saqueo" fiscal.


Y cuando no se benefician de impuestos muy bajos, las transnacionales como Amazon y Google utilizan las diferencias de fiscalidad entre países, y los paraísos fiscales, para no pagar apenas impuestos. En cambio los contribuyentes pagan para rescatar a los bancos: en Irlanda el 40% del PIB ha sido inyectado al sector bancario por los contribuyentes.

Las políticas de competitividad consisten también en “moderar” o incluso reducir los salarios y los derechos sociales para el mayor beneficio de las empresas. Tanto en la Europa del Norte como en los países del Sur, se golpea de lleno a los asalariados:

- En Grecia, desde hace 4 años, el poder adquisitivo ha bajado en un 37%, los convenios colectivos que garantizan los derechos de los trabajadores fueron lisa y llanamente suspendidos en 2011.

- En Portugal, el número de asalariados protegidos por un convenio colectivo pasó de 1,5 millones en 2010 a 300.00 en 2012.

- En España, el nivel medio de los salarios es ahora inferior a un tercio del de la zona euro, y el gobierno se felicita por ello puesto que eso “estimula las exportaciones”.

- En la Europa septentrional, tales políticas constituyen un modelo para la mayoría de los gobiernos:

- En Alemania, el modelo basado en la compresión de los salarios para estimular las exportaciones ha provocado una explosión de la pobreza en una parte de la sociedad, y obliga ahora al establecimiento de un salario mínimo.

- Con la Ley sobre Protección del Empleo de 2013, Francia se ha embarcado en la vía de los “acuerdos competitividad-empleo” que autorizan a las empresas a disminuir los salarios. La patronal que reclamaba la disminución de las “cargas” sociales y fiscales ha sido escuchada una vez más con el “Pacto de responsabilidad”.

Sin embargo, la competitividad no es solo una cuestión fiscal o social. En Grecia y en Rumanía, se han reabierto minas de oro a pesar de las consecuencias dramáticas para el medio ambiente (en particular por el vertido masivo de cianuro). En toda Europa, los lobbies de la industria extractiva se movilizan para obtener la autorización para extraer gas de esquisto a pesar de los peligros notorios asociados a esta práctica. Polonia, punta de lanza del fracking en Europa, sufre hoy sus consecuencias.

El deseo de atraer los grandes inversores a toda costa conduce los dirigentes europeos, nacionales y locales, a multiplicar las privatizaciones y en consecuencia a unas tarifas infladas para los consumidores. Las transnacionales francesas fueron invitadas por el presidente de la república griego a participar en este gran mercado de saldos: Suez, candidata para la compra del servicio de aguas potables en Salónica, o Vinci que ha comprado los diez principales aeropuertos de Portugal.

“Seducir” a los inversores pasa también por financiar grandes proyectos inútiles o incluso perjudicial, como el aeropuerto en Notre-Dame-des-Landes[1], en Bretaña, o la línea férrea Lyon-Turín. Proyectos todos ellos para el mayor beneficio del sector privado, con una utilidad social desdeñable en comparación con los costes económicos y medioambientales.

La universidad y la investigación no se escapan: deben también someterse al dogma de la competitividad, entrar en una lógica de competencia y encontrar financiación privada. La investigación está totalmente enfocada a la rentabilidad a corto plazo y los investigadores se ven cada vez más sometidos a esta lógica de competencia.

La movilización ciudadana permitió rechazar el acuerdo comercial anti-falsificación (conocido con las siglas de ACTA) que habría representado un atraso considerable en el respeto a la vida privada, de los derechos de la ciudadanía en Internet, en el acceso a los medicamentos genéricos o para la utilización de las semillas agrícolas. Con la apertura de la negociación de un acuerdo transatlántico entre la Unión europea y los Estados Unidos, son las normas sociales, medioambientales y sanitarias las que se ven atacadas, ya que se las presenta como un obstáculo a la “competitividad”. Las empresas tendrían derecho a demandar a los Estados ante tribunales arbitrales privados. Se está organizando una movilización ciudadana en ambos lados del Atlántico para invalidar este proyecto.

Estas políticas de competitividad son doblemente mortíferas: instauran la competencia entre los pueblos, viéndose los Estados inmersos en una guerra económica que destruye los modelos sociales fruto de largas luchas.... y contribuyen así al auge de corrientes nacionalistas y xenófobas.

LA AUSTERIDAD: UNA CATÁSTROFE ECONÓMICA Y UN ATAQUE RADICAL A LOS  DERECHOS SOCIALES.

La austeridad es la forma de socializar el coste de las políticas de competitividad que garantizan el beneficio privado.

El principio es el siguiente: con la crisis financiera, el rescate de los bancos, la crisis económica y la recesión, los gobiernos han acumulado una importante deuda pública que constriñe sus presupuestos. Les es imposible “poner en marcha la máquina de hacer billetes” (el Banco Central Europeo se opone a ello) o aumentar los impuestos sobre los ricos o sobre las empresas, por razones de competitividad. Es insuficiente contentarse con aumentar la presión fiscal sobre las clases medias y populares.

La solución elegida por los defensores de la austeridad para equilibrar gastos e ingresos consiste por lo tanto en dar sablazos al gasto público. Esto pasa por recortes en la plantilla y la nómina de la función pública (y, por lo tanto, en los servicios públicos), y también en la protección social (desempleo, salud, vivienda, jubilación...).

En Grecia, Portugal y España, se cierran escuelas y se despiden docentes. Se cierran o privatizan hospitales, se malvenden servicios públicos en beneficio de transnacionales o de intereses privados locales.

La precariedad del empleo y de las condiciones de vida son ahora norma, se sacrifican las jubilaciones, los jóvenes se ven condenados a la emigración, en apenas dos o tres años el descenso del nivel de vida es radical, la renuncia a enfrentarse al desafío ecológico se justifica cínicamente con la crisis económica y social.

Los países del norte de Europa no se quedan atrás. En Francia, el presidente Hollande ha anunciado un plan de ahorro de 70.000 millones de euros sobre el conjunto de su quinquenio. En 2010, el gobierno británico puso en marcha un plan de austeridad sobre 5 años, de hasta 90.000 millones de euros de recortes, o sea el 14% de los gastos. En su programa: eliminación de prestaciones sociales, ampliación de la edad de jubilación hasta los 66 años, privatizaciones parciales o totales (salud, policía, servicios sociales, servicios públicos locales…).

Esta política contiene sin embargo su propio fracaso: la recesión que organiza incrementa los déficit y la deuda pública en toda Europa. Este fracaso justifica nuevos recortes, los cuales agravan la crisis. La austeridad es por lo tanto un programa sin fin de desmantelamiento del derecho al trabajo y de la protección social, así como de privatización de los servicios públicos.

Sus resultados son catastróficos en todos sus aspectos. Las tasas de desempleo llegan a unas cifras superiores a las de la crisis de los años 30: cerca del 30% en Grecia y Portugal. Él de los jóvenes es vertiginoso: 63% en Grecia, 57% en España. Esta política brutal incrementa la desigualdad. La justicia social, la aspiración a la democracia, la emancipación del hombre, se han convertido en obstáculos a reducir.

El caso griego

De 2010 a 2012 el poder adquisitivo de los griegos ha caído en un 50%. Las medidas de austeridad han destrozado el consumo interior, las empresas no tienen perspectivas de futuro, las quiebras se multiplican. El PIB se ha encogido en un 25% de 2009 a 2012. El desempleo se ha visto multiplicado por 3 entre 2009 y 2012. En 2013, del 1,3 millón de parados solamente 200.00 beneficiaban de alguna prestación, de entre 180 y 468€. Los jóvenes pagan un elevado tributo, con un 56,4% de paro. Muchos solo tienen un deseo: emigrar.

La pobreza alcanza un récord con más de una persona de cada 5 bajo el umbral de la pobreza. Por primera vez desde 1950 la mortalidad infantil está en aumento. Los recortes presupuestarios han tenido unas consecuencias dramáticas. el ejemplo de la salud lo atestigua. Desde 2010 la financiación de los hospitales públicos ha disminuido en un 40% cuando, en el mismo tiempo, la demanda de cuidados hospitalarios aumentaba en un 24%. La reducción del personal y el deterioro de las infraestructuras ha reducido gravemente el acceso a la asistencia médica.

Así es como la Troika no ha salvado Grecia sino que la ha hundido en el caos. La deuda y los déficit han estallado y la divergencia de competitividad se ha visto incrementada entre Grecia y los demás países de la Unión europea. Grecia no es un caso aislado, ni mucho menos, si bien es cierto que ha recibido el “tratamiento” más brutal.

UN EDIFICIO ANTIDEMOCRÁTICO DONDE LAS FINANZAS SON LA CLAVE

Basta con constatarlo: las políticas de austeridad y de competitividad, supuestamente diseñadas para responder a la crisis, no hacen más que empeorarla. La austeridad crea recesión y destruye las economías europeas. Las políticas de competitividad ponen en peligro el contrato social y no han cumplido nunca sus promesas en materia de empleo. Los beneficios se disparan y la precariedad se generaliza...

Estas políticas no solamente son peligrosas para nuestras sociedades, sino que aparecen cada vez más como la negación misma del principio de democracia; lo atestiguan los mecanismos institucionales anti-democráticos que contribuyen a la aplicación del dogma austeridad-competitividad:

- La Troika, constituida por tres instancias no-elegidas, impone políticas desastrosas en los países sobreendeudados de Europa. En nombre de la crisis de la deuda pública, actúa como un bombero pirómano. Los parlamentos nacionales acatan, sin debate alguno.

- La crisis de la deuda pública en Europa se ha visto agravada por la política irresponsable del Banco central que ha llevado a cabo una política monetaria a favor de los intereses de los bancos privados. Al final, la especulación efectuada por los bancos sobre las deudas soberanas les ha permitido sacar unos beneficios considerables.

- Los mecanismos de control de los presupuestos nacionales, definidos por el Tratado Presupuestario adoptado en 2012, y varios paquetes de directivas europeas (six-pack, two-pack) definen una “gobernanza económica” que somete los presupuestos nacionales a un control estricto por parte de la Comisión Europea, antes incluso de ser examinados por los parlamentos nacionales - que se han convertido en meras cámaras de registro. Peor aún, se prevén sanciones automáticas contra los Estados en caso de no respetar sus compromisos.

¿Acaso la palabra “democracia” ha devenido huera? A los mecanismos institucionales creados para reducir la libertad de decisión de los cargos electos, se añade el cinismo de los dirigentes con programa de “cambio”, quienes una vez elegidos confirman el dominio de los más ricos. Por ejemplo, François Hollande se había comprometido durante su campaña presidencial a romper con la austeridad en Europa y a renegociar el tratado presupuestario. Nada más ser elegido, sin embargo, lo ratificó en seguida. Una de las causas profundas de esta huida hacia adelante austeritaria, preñada de retrocesos sociales y democráticos y de destrucción de la naturaleza, es ante todo la opción de los dirigentes europeos de no oponerse al mundo financiero. El poder económico considerable del que gozan las transnacionales y los medios desmesurados que emplean para influir en la decisión pública contribuye indudablemente a inclinar la balanza a su favor.

Pero por fuerza tenemos que constatar que la dimisión de los cargos electos les facilita la tarea. Al adherirse al dogma de la austeridad y de la competitividad, se convierten en managers de un territorio o de un país, donde su papel consiste en atraer empresas e inversores privados, al mismo tiempo que comprimen los gastos. Entonces, ¿son todavía representantes de sus electores?

Esta renuncia sin embargo no es inevitable, ¡ni mucho menos! Existen propuestas para meter en cintura el mundo de la finanza y sacar margen de maniobra presupuestaria para promover políticas sociales y ecológicas. Numerosos movimientos se están extendiendo por toda Europa. Traen consigo alternativas llenas de esperanza.

LUCHAS SOCIALES EN EUROPA

El más emblemático de los movimientos nacidos de las políticas de austeridad en Europa es el movimiento de las plazas. Se inició en España el 15 de mayo de 2011. Decenas de millares de estudiantes, parados, trabajadores y ciudadanos de todas las edades expresaron su ira. Llamaron a una democracia verdadera. Inspirándose en las revoluciones árabes, decidieron acampar en la Puerta del Sol de Madrid. A esta iniciativa siguió una manifestación histórica en Portugal organizada por jóvenes con empleos precarios; también se propagó a Grecia, donde los Indignados se instalaron en la Plaza Syntagma, en frente del parlamento griego.

Estas movilizaciones contribuyeron a poner en marcha, en contra de la resignación que imperaba, a centenares de miles de personas. Prepararon el terreno para unas victorias importantes en contra de los desahucios, o contra el proyecto de privatización de los hospitales de la Comunidad de Madrid, abandonado en febrero de 2014 tras más de un año de movilizaciones.

En Grecia, el movimiento de las plazas inició importantes movilizaciones contra la privatización del agua o la reapertura de minas de oro, o iniciativas de solidaridad local como la de los ambulatorios sociales autogestionados. Las asambleas de barrio han propiciado un renovación de la izquierda, que se tradujo en éxitos electorales para Syriza (partido griego de izquierda). Por lo tanto este movimiento ha contribuido a la vez a obtener victorias concretas y a renovar el paisaje de contestación social en el plano sindical y político.

El movimiento de las plazas contribuyó también, conjuntamente con las centrales sindicales de los países del sur de Europa, a la organización de una huelga general simultánea en España y Portugal el 14 de noviembre de 2012, y de manifestaciones contra la austeridad en la mayoría de los países europeos ese mismo día.

En Italia, en 2010, la movilización de los comités ciudadanos para el agua pública permitió frenar en seco la privatización del agua. Esta movilización popular ha permitido reunir las firmas necesarias para la organización de un referéndum abrogativo organizado en 2011. A pesar de la desinformación, la privatización ha sido rechazada masivamente, con una participación récord. Validando de esta manera el eslogan de los comités ciudadanos: “Se escribe AGUA, ¡pero se lee democracia!”.

En Bretaña, ha sido el proyecto del nuevo aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes , el que ha cristalizado la ira ciudadana contra un modelo de sociedad donde el desarrollo económico se realiza en contra de la naturaleza y de los pueblos. Francia también ha conocido a partir de 2011 un amplio movimiento popular contra el fracking, que culminó con la puesta en marcha de una moratoria sobre la explotación de hidrocarburos no convencionales. A este movimiento, hace eco la fuerte movilización anti-fracking en Polonia, donde campesinas y ciudadanas han impedido provisionalmente la explotación del subsuelo por la multinacional estadounidense Chevron.

En Europa del Este y en los Balcanes se han dado una secuencia de movilizaciones históricas, con manifestaciones muy importantes en Rumanía, Bulgaria, y más recientemente en Bosnia y Eslovenia.

En Alemania, delante del Banco Central Europeo, las movilizaciones Blockupy Frankfurt, organizadas desde 2012, denuncian la Europa de las finanzas. En Gran Bretaña, la Coalition of Resistance, que reúne sindicatos, movimientos ciudadanos y los No Cuts, está en el origen de unas manifestaciones, sin precedente desde hacía décadas, contra el drástico plan de austeridad del gobierno de Cameron.

Estos movimientos debaten juntos, celebran encuentros, permitiendo así la creación de redes europeas de movilización; ha sido el caso en salud, en vivienda. Si bien todavía no está al orden del día una contestación general, estos movimientos constituyen sin embargo los embriones necesarios al diseño de alternativas nacionales pero también europeas.

CONCLUSIÓN

En muchos países la ciudadanía se organiza y se moviliza. En el plano local o nacional, articuladas o no en el plano europeo, estas movilizaciones contribuyen a algunas victorias contra las políticas neoliberales, y abren el camino a unas rupturas políticas. Estas implican la emergencia de fuerzas políticas progresistas, a las cuales contribuyen los movimientos sociales al tiempo que conservan una exigente autonomía.

ATTAC apoya los movimientos que actúan contra el diktat del mundo financiero, de la austeridad y de la competitividad, contra esta Unión Europea de las oligarquías, construida por y para ellas. La coordinación entre esos movimientos en el plano europeo debe tener un papel importante. ATTAC Francia obra con la red de ATTAC en Europa en pos de la construcción de un espacio de reflexión y de acción para todas las que desean llevar adelante un proyecto democrático y la construcción de un porvenir común.

Después de la Universidad de Verano Europea de los Movimientos Sociales, en París, del 19 al 23 de agosto de 2014, lugar de intercambio, de debate y de coordinación de los movimientos europeos, ATTAC estará en Frankfurt en otoño de 2014, para las importantes movilizaciones que se organizarán con ocasión del traslado del Banco Central Europeo, y que representarán otro momento de coordinación de las luchas, la expresión de una resistencia global y del paso a la ofensiva de los movimientos sociales.

¡En Francia y en Europa, movilicémonos!


[1] Notre-Dame-des-Landes, (departamento Loire-Atlantique, región Pays de la Loire) es como llaman a la población bretona de  Kernitron-al-Lann en la jerga al uso entre centralistas de ambos lados de los Pirineos)



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