26 de març de 2014

Necesitamos un nuevo modelo económico.




Sandra Soutto. Economista

España necesita un nuevo modelo económico que permita a la sociedad mejorar su calidad de vida, entendida ésta como el bienestar individual y comunitario de sus integrantes, que incentive la cooperación, la solidaridad y la preservación de la Naturaleza.

Este nuevo modelo no puede estar, como el actual, basado en el crecimiento económico, pues, lejos de alcanzar la pretendida cohesión social, hemos conseguido la exaltación del individualismo consolidado en el principio de competencia que busca la satisfacción personal, con el único fin de conseguir más dinero para alimentar el consumo de necesidades artificiales. Lo que ha provocado el asentamiento social de una forma de vida esclava.

Con modelos que persiguen el crecimiento económico tampoco hemos conseguido unos servicios públicos fuertes que garanticen los derechos humanos a la ciudadanía; en su lugar, la creciente privatización de los servicios básicos (sanidad, educación, transporte, gestión de la electricidad, del agua, etc.), ha provocando la condena a la exclusión social de una gran parte de la sociedad.

Estos modelos, desde los años 80, se han basado en:
  1. la financiarización de la economía que ha incentivado la especulación,
  2. la mercantilización de los bienes comunes con fines puramente especulativos, y
  3. la creación de burbujas financieras que acentúan las desigualdades sociales durante su auge, y que cuando pinchan provocan un aumento de la pobreza.
Todo ello a costa del deterioro del medio ambiente, y el agotamiento de los recursos naturales, manifestándose la escasez de estos recursos con la subida desmesurada de sus precios.


Estos modelos económicos basados en el crecimiento, ni tan siquiera han sido capaces de proporcionar un empleo digno a todo aquel que lo necesitase. La globalización, la deslocalización y la pérdida de los derechos laborales han favorecido la aparición del empleo precario, la disminución de los salarios y de los contratos fijos, y el aumento del desempleo, que consolidan una distribución de la renta claramente desigualitaria a favor del capital.

En vista de ello, no podemos cometer los mismos errores y continuar ignorando las leyes de la física, concretamente la segunda ley de la termodinámica, la cual dice que la entropía de un sistema crece en el tiempo. Es decir, en cualquier sistema económico que utilice energía, y el nuestro la utiliza en todas sus fases, no podrá evitar que una parte de esta energía se disipe irreversiblemente en forma de calor. Por consiguiente, las leyes de la termodinámica nos dicen que es imposible un crecimiento sostenido del consumo de energía sin alterar las condiciones que permiten la vida de la especie humana en el planeta, ya que por muy limpio que sea el método de generación energética empleado, éste aumentará la temperatura del entorno en que vivimos. (1)

Por ello es necesario mantener el equilibrio que nos permita vivir en este planeta, y esto sólo es posible en la medida en que el modelo económico empleado sea compatible con los límites que imponen las leyes de la naturaleza.

En resumen, el crecimiento económico, basado en el aumento constante de la productividad con un uso creciente de recursos energéticos (en detrimento de la mano de obra) y una reducción de los costes laborales, en contra de cualquier principio ético, ha provocado la agresión al medio ambiente de forma irreversible esquilmando los recursos básicos, y dejándonos desempleo y precariedad.

En consecuencia, no podemos basar nuestro nuevo modelo económico en la explotación de la mano de obra mediante la deslocalización de la producción donde esta sea más barata y la extracción de recursos naturales mediante técnicas cada vez más agresivas y contaminantes, como la megamineria a cielo abierto y el fracking, es decir, el expolio de los recursos humanos y materiales del planeta (2); ni en un modo de vida esclavo intensivo en horas de trabajo y dirigido a la obtención de más dinero, ni mucho menos del consumo creciente; es decir, el consumismo no puede ser la solución a la crisis que padecemos.

El nuevo modelo productivo deberá adaptar los niveles de producción a la velocidad de recuperación de los recursos naturales, de manera que el ritmo de consumo energético y material se equilibre con la velocidad de gestión de los residuos y producción permitiendo que los ciudadanos cubran sus necesidades básicas. Es necesario proteger el agua potable, las tierras cultivables y el medio rural, otorgando más autonomía a las autoridades locales para prohibir o autorizar las practicas de extracción de petróleo, gas o cualquier otro mineral, como recomienda el Parlamento Europeo en su informe de junio de 2011 (3),  (éste se refiere a la extracción de gas y petróleo de esquisto), lo que debe ser recogido por la normativa europea y en los tratados de libre comercio.

Es decir, nuestro nuevo modelo debería potenciar el desarrollo de sectores relacionados con las necesidades sociales insatisfechas y la preservación del medio ambiente.

Además, dadas las cifras que alcanza el desempleo en nuestra sociedad se hace necesario repartir el trabajo, de manera que trabajemos menos horas y dispongamos de más tiempo libre, reduciendo el salario a los que más ganan en favor de los más necesitados.

En definitiva se trata de reorganizar la sociedad de manera que prime:
  • La vida social y la cooperación, en lugar del consumo y la competitividad.
  • El reparto del trabajo, reduciendo el número de horas trabajadas.
  • El reparto de la riqueza mediante la Renta Básica universal.
  • La recuperación de lo local frente a lo global, relocalizando la industria, fomentando la soberanía agrolalimentaria, reduciendo así el transporte y por ende el consumo de combustibles (mediante incentivos fiscales y monedas locales complementarias).
  • La autogestión y la democracia directa y participativa.
  • La banca entendida como servicio público y no como negocio.
  • La reducción del tamaño de las infraestructuras de producción, transporte y administrativas.
  • El ocio creativo y respetuoso del medio ambiente, frente al ocio vinculado al dinero y al consumo.
  • Los valores como la sobriedad y la sencillez voluntaria.
Ahora bien, como el objetivo del nuevo modelo económico es el bienestar de la sociedad y la preservación de los ecosistemas, deberemos utilizar algunos indicadores que nos permitan conocer sus niveles y aplicar las políticas económicas adecuadas, y por supuesto no será el PIB, que sólo considera el aumento de la producción y la venta de bienes y servicios. Estos podrían ser: el índice de desarrollo humano (IDH), indicador social que tiene en cuenta la longevidad, la salud, la educación y un nivel de vida digno; el índice de Gini utilizado para medir cualquier forma de distribución desigual; el índice de actuación ambiental (EPI), el cual evalúa la salud ambiental y la de los ecosistemas, y la huella ecológica, que es un indicador del impacto ambiental generado por la demanda de los ciudadanos de los recursos existentes en los ecosistemas del planeta relacionándola con la capacidad ecológica de la Tierra de regenerar sus recursos.



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 NOTAS

(1) Murphy, Tom.  GALACTIC SCALE ENERGY: https://physics.ucsd.edu/do-the-math/2011/07/galactic-scale-energy/ 

(2)  LA REALIDAD DEL "SHALE GAS" EN USA Y SU EXTRAPOLACIÓN AL CASO ESPAÑOL. AMADEUS. Muneta 29/03/2013. 

       TURIEL, Antonio. Fracking: rentabilidad energética, económica y ecológica. 

(3)  Repercusión esde la extracción de gas y petróleo de esquisto en el medio ambiente y la salud humana. Junio 2011.




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