13 de febrer de 2014

Hora de auzolan de todo el pueblo (fábula)

 



 Javier Echeverría Zabalza - ATTAC Navarra-Nafarroa

Como mucha gente conoce, el auzolan es un trabajo vecinal que llevaban a cabo los habitantes de un pueblo o barrio en beneficio público. Así se hacían trabajos tales como plantar árboles, arreglar calles, reparar o construir edificios municipales o concejiles, defender cosechas o animales de algún tipo de amenaza…



Quiero contar una historia a propósito del auzolan. Había un pueblo que tenía varios barrios, de los cuáles dos eran más grandes que los demás, a pesar de que la mayoría de la gente vivía en los barrios más pequeños. Normalmente los dos barrios grandes solían estar enfrentados. Cada uno de ellos tenía algunos objetivos y planes para el pueblo que chocaban frontalmente con los del otro. Pero en muchos otros temas –la mayoría- coincidían. Sin embargo, sus diferencias parecían irreconciliables. Había gente de los barrios más pequeños que se solían refugiar a la sombra de alguno de los barrios grandes, pero la mayoría se abstenía de participar en los asuntos del pueblo debido a la conflictividad existente.

En cada barrio grande había grupos de afinidad por familias y amistades, una especie de clanes, que elegían sus representantes para las tareas de gobierno, tanto del clan respectivo como del Ayuntamiento. Los representantes de los diferentes clanes de cada barrio se solían reunir, y de vez en cuando convocaban auzolanes para todo su barrio. En esas convocatorias hacían llamamientos para que participaran en ellos gente de otros barrios, pero normalmente eso apenas sucedía. Incluso, mucha gente del propio barrio tampoco participaba debido al crispado ambiente que se respiraba. Esta era la forma de responder a las necesidades internas del pueblo y también a los ataques de enemigos exteriores.

Pero llegó un momento en que estas agresiones exteriores arreciaron tan fuertemente que la inmensa mayoría del pueblo, salvo una pequeña élite vendida a los enemigos, sufrió consecuencias muy graves en sus cosechas, ganado y bienes. Al principio empezaron a afrontar esa amenaza a la manera que estaban acostumbrados, es decir, cada barrio grande con sus auzolanes. Pero el enemigo se había hecho tan poderoso que era imposible hacerle frente de esa forma. El pánico cundió entre los habitantes del pueblo y mucha gente comentaba que había que buscar alguna forma de actuación conjunta para tener más posibilidades de éxito.


En una ocasión, los dos barrios mayores convocaron sus auzolanes el mismo día. A pesar de que cada uno organizó sus cuadrillas para los tajos de defensa por separado, la gente de todo el pueblo –también de los barrios pequeños- salió masivamente a trabajar en todos ellos. Incluso hubo mucha gente que, cuando terminaba el trabajo en un tajo de un barrio, se iba a trabajar en los del otro. Todo el pueblo estaba entusiasmado. Así sí se podía, a pesar de que sería mejor –pensaban- si se pudiera convocar un solo auzolan de todo el pueblo.

Pero enseguida se volvió a la dinámica habitual. El enfrentamiento estaba demasiado enquistado. Las agresiones que estaban sufriendo se hacían insoportables y empezaron a formarse también grupos de defensa por gremios: agricultores, ganaderos, autónomos de oficios… Sin embargo, la mayoría de la gente decía que había que hacer un auzolan común; de lo contrario sería imposible hacer frente a tan gran amenaza.

Un grupo de personas de diferentes barrios, clanes y gremios comenzaron a reunirse para intercambiar opiniones sobre la gravedad de la situación y sobre la falta de perspectivas para sus hijos. Se plantearon también si habría alguna forma de dar una respuesta unida de todo el pueblo. Concluyeron que debían intentar empezar una dinámica nueva para unir sus fuerzas. Comenzaron a convocar asambleas amplias con participación de personas de todos los barrios, grandes y pequeños, y también de todo tipo de clanes y gremios. A pesar de sus grandes diferencias y de las afrentas que tenían del pasado, lograron acordar unos objetivos y criterios de actuación comunes. Y entonces decidieron que tenían que plantearse auzolanes conjuntos de todo el pueblo, además de los de los barrios y gremios que también se seguían haciendo.

Pensaron que debían resolver algunos problemas para favorecer la nueva dinámica. En primer lugar, se plantearon que era necesario fomentar la mayor participación posible de todos los habitantes del pueblo, no sólo de los representantes de barrios, clanes y gremios. Para ello, decidieron que todas las personas debían participar a título personal. Así, todas las personas que estaban de acuerdo con los objetivos y criterios que habían acordado podrían cooperar sin necesidad de pedir la aprobación de su respectivo grupo. Y también se reduciría la tendencia a los protagonismos, así como los recelos y suspicacias de los demás. Pero, además, acordaron decir a todos los habitantes del pueblo que, si querían detener las cada vez mayores agresiones y tener la posibilidad de una vida decente, era totalmente necesaria su participación en asambleas y auzolanes. No bastaba con la actuación de sus representantes y de la gente más activa del pueblo. Y pensaron que quizás esa propia confluencia entre diferentes podría ayudar en ese objetivo.

La confianza entre la gente que se reunía –cada vez más numerosa- fue creciendo y decidieron que había que pasar a la acción. Y acordaron en asamblea empezar a convocar auzolanes conjuntos de todo el pueblo.

Y aquí estamos. Ese pueblo es Nafarroa y tiene por delante un enorme reto. Es la hora de la generosidad de todo tipo de sensibilidades, barrios, clanes y sectores. No se discute la legitimidad de sus respectivos proyectos ni de sus auzolanes particulares. Pero la situación exige la confluencia entre diferentes y la actuación conjunta. Es lo que pretende la Asamblea por el Cambio Social. El momento es histórico y tenemos una situación de emergencia social. Es hora de creérnoslo. Ha llegado la hora de convocar auzolan de todo el pueblo.

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