9 de setembre de 2013

¿Cómo que “sólo” se está privatizando la gestión de los hospitales? ¡Si la gestión lo es todo!


 Eduardo Garzón – Consejo Científico de ATTAC España

Con motivo de las reformas privatizadoras en el sistema sanitario de la Comunidad de Madrid venimos escuchando a todo tipo de gobernantes, tertulianos y otros defensores de lo indefendible una serie de alegatos que aterrizan siempre en la misma frase: “No se están privatizando los hospitales, sólo se está privatizando su gestión”. Y se quedan tan panchos. Como si esa afirmación dejara zanjado el debate y no tuviese ya sentido continuarlo. Tan satisfechos están con la supuesta fortaleza de esa aseveración que no hay debate público en el que es difícil no escucharla al menos una vez. Es como si se hubiese difundido como consigna, como argumento irrefutable que demuestra que no se está privatizando la sanidad, sino sólo una parte de ella. La estrategia consiste en esperar que el interlocutor –que normalmente no sabe bien en qué consiste el nebuloso concepto de “gestión”– crea que es una parte poco importante de los servicios sanitarios.



Pero lo que ocurre –y es aquí donde reside el engaño– es que la gestión de un hospital público lo es todo. La “gestión” es la asunción y ejercicio de responsabilidades sobre un conjunto de actividades que incluye ni más ni menos que la preocupación por la disposición de los recursos y las estructuras necesarias, la coordinación de las tareas y la rendición de cuentas. Y con ello abarcamos todo lo que es importante en un centro sanitario. Lo único que nos dejamos fuera, lo único que no se privatiza, es la titularidad del edificio y de una parte de las infraestructuras. ¡Vaya! Qué mala suerte; precisamente nos dejamos sin privatizar aquello que no da beneficios. Lo que es rentable se lo dejamos a unos pocos, lo que no es rentable nos lo quedamos.




Es como si tuviésemos un negocio de una panadería, y privatizásemos “sólo” la actividad de comprar la harina, la sal y el agua, la de contratar a los panaderos y dependientes, y la de hacer el pan, venderlo y cobrarlo. Eso sí, el horno y el local donde se hace el pan no los privatizamos y nos lo quedamos. Pero… ¿qué sentido tiene hacerlo si lo verdaderamente valioso es el proceso de fabricar pan y venderlo y no el espacio en el que se lleve a cabo?


La empresa privada que se hace con la gestión del centro sanitario lo puede decidir todo: qué y cuántos medicamentos comprar y usar, qué y cuántos profesionales contratar, cuánto van a cobrar estos profesionales y cuánto tiempo van a trabajar, cómo van a estar organizadas sus labores, qué y cuantas máquinas y utensilios van a utilizar, etc. Y lo más importante: todas las decisiones irán encaminadas a buscar el mínimo coste y el máximo beneficio. Porque no podemos olvidar que una de las diferencias más importantes que existe entre la gestión privada y la gestión pública es que la primera busca el beneficio. Si para obtener lucro hay que pagar menos a los trabajadores, comprar los medicamentos más baratos, tener menos profesionales por enfermo, o mandar al paciente a casa aunque no esté totalmente recuperado… se hace.


Por todo ello, lo que precisamente no queremos los defensores de la sanidad pública es que se deje en manos privadas la gestión de los hospitales, ya que este hecho es el que deteriora la calidad del servicio y de las condiciones laborales (a costa de un excedente monetario que va a parar a unas pocas manos). Que el edificio y las máquinas sean de propiedad pública nos da igual, porque apenas cambia nada. Lo que deseamos es que el servicio sanitario tenga como objetivo principal curar al enfermo, y como objetivo secundario que no se consuman demasiados recursos en el proceso; y no al revés como ocurre con la gestión privada.

La próxima vez que escuchemos la dichosa frase a la que nos tienen acostumbrados, tenemos que hacerles saber que no nos van a engañar: que se privatice “sólo” la gestión de los hospitales supone que unas pocas empresas privadas se lleven la carne mientras nosotros nos quedamos con los huesos.