13 d’agost de 2013

El desempleo, el paro, el olvido. Yo acuso


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Carlos Martínez – ATTAC Andalucía
Politólogo y activista social



El paro que sufrimos ya sabemos que es alarmante y sus cifras escandalosas son la demostración de un fracaso. Del fracaso de las políticas neoliberales y de los economistas neoclásicos. Fracaso de las imposiciones de la Troika y fracaso de las llamadas reformas laborales, es decir facilidades de despido y limitaciones antidemocráticas de la libertad sindical. 

Es muy alarmante comprobar que los últimos datos y encuestas serias sobre las cifras del desempleo indican que este se dispara en el sector industrial, siendo éste en estos meses el que más paradas y parados aporta. Un país que presume de desarrollado sin base industrial es como un jardín sin flores. Sencillamente no se sostiene.


¿Quiénes son los culpables del desierto industrial? En primer lugar los poderes financieros y las grandes empresas que controla la oligarquía rentista y la bancaria españolas. Ellos saben que invertir en industria y más en industria sustentable y medioambientalmente respetuosa, es una inversión que no produce efectos inmediatos, no es especulativa y necesita trabajadoras y trabajadores cualificados. Por tanto, no les interesa, pues además exige innovación constante y pensar.

En segundo lugar la Unión Europea “alemana” que sufrimos, obligó a cerrar todo el sector público de la industria pesada, prohibió las ayudas públicas al mantenimiento del empleo y de la minería en beneficio de los inversores centroeuropeos en su tarea de deslocalizar toda la industria europea, fundamentalmente del sur de Europa. Carlos Solchaga fue un campeón de los cierres empresariales, desmontar el sector público industrial y Felipe González el más decidido “privatizador” de todos los tiempos contemporáneos en este Estado. Ese fue el precio de entrar en Europa. España tenía playas y sol, un territorio estatal grande según los parámetros europeos y cientos de miles de kilómetros en la costa que colmatar y edificar. Para que se iba a producir.

En tercer lugar, José María Aznar, acabó de privatizar lo poco que quedaba público. Hizo una apuesta de estado por convertir a Madrid en un centro financiero internacional e invirtió en la ciudad manchega todo, a costa del resto del Estado. En las zonas costeras se creó una riqueza ficticia a base de construir y llenar de hormigón todo lo posible y lo imposible, creando empleo en una construcción desaforada, cara, corrupta y a su vez destructora de futuro. Aznar rescato el españolismo papanatas, centralista y hortera, pero además, propició el egoísmo social, creó un numeroso segmento de nuevos ricos e hizo creer que éramos un reino poderoso. A costa de favorecer el crecimiento hoy, sin pensar en el mañana y condenado este estado a volver a ser un país de sol, pandereta y chiringuito. Pero sin tejido productivo. Rato, Álvarez Cascos y otros merecen estar en el cuadro de honor.

Zapatero, ni supo, ni pudo. Llegó con la burbuja inmobiliaria en pleno rendimiento y el estado chiringuito en pleno auge. Con grandes constructores enriqueciéndose obscenamente, alcaldes con tasa y precio en la frente, en demasiados municipios –no en todos- y la terrible y traidora falsedad de que bajar impuestos era de izquierdas. Claro, estalló la burbuja, como era no solo lo previsible, sino lo advertido, y no supo qué hacer, pues muy pronto y gracias a sus rebajas impositivas se encontró sin fondos. Zapatero, era un liberal tan honesto como mal preparado que creía que un gobierno no debía intervenir en la economía. Es decir el pobre hombre era cualquier cosa menos socialdemócrata. Pero comenzó a recortar y de su mano el PSOE nos dejó la peor herencia, que no es la del ladrillo pinchado, ese mérito en realidad es de Aznar y de Rato, sino la modificación del artículo 135 de la Constitución, que pone a los bancos y grandes acreedores extranjeros por encima de las clases populares españolas y los derechos humanos. Claro que para eso contó con el apoyo y asesoramiento de Miguel Sebastián y su gente, la ministra Elena Salgado y por supuesto el aliento del poderoso Botín siempre en su cogote.

Con Rajoy, la crueldad. El paro como problema a distorsionar y no a combatir. Por supuesto nada de apoyar a los y las que lo sufrimos. Al revés: webs de chivatos en lugar de empleo. Desmantelamiento de la sanidad y la educación públicas y más paro despidiendo trabajadores y trabajadoras públicos, de paso toda la pequeña empresa subsidiaria al cierre.

Pero el desempleo es el éxito del Gobierno Rajoy y la gran patronal. Por fin hay un “coco” con el que asustar. Por fin hay una excusa para hacer gratuito el despido, rebajar los sueldos y tener seis millones de personas-dicen que solo seis millones- dispuestas a conformarse con lo que salga y a lo que paguen. Ya no somos clase trabajadora, mucho menos clase obrera –eso requiere una conciencia y dignidad que hoy no existe- , no, ya somos mano de obra. Mano de obra barata y cualificada, en un estado de la Unión Europea, que cada vez exige menos preparación a sus “empleandos” y más sumisión. Por tanto yo acuso a los que han destruido el tejido productivo y el sector público y yo acuso que el paro es un buen negocio para la oligarquía rentista y financiera española.

Ahora, si analizamos qué fórmulas de reactivación de la economía tiene la derecha española desde su atalaya madrileño, vemos que el ladrillo vuelve a ser el reclamo, de ahí la modificación de la ley de costas. Las grandes fábricas serán los casinos y muy pronto los prostíbulos, si el ejemplo de La Junquera cunde. Todo se andará. Turismo, ladrillo y juego. Es decir mafias, corrupción y sumisión.

Lo malo del paro, lo peor son sus víctimas. Lo peor, es que hemos tolerado la construcción de una sociedad capitalista-consumista en la que la mayoría de las personas paradas, no solo no son conscientes de la terrible injusticia que sufren, sino que tampoco son capaces de ser conscientes de su tremendo potencial movilizador si se unen y se ponen en marcha.

No será fácil cambiar la tendencia. Pero mientras tanto vamos a luchar por una renta social digna para las y los parados y olvidarnos de programas de caridad y reparto de comida. Hay que propiciar, conseguir un salario de la dignidad para las personas paradas en contra de su voluntad. Lo demás, comedores de niños, almacenes de reparto, programas que siempre se acaban otorgando a estructuras religiosas, no es sino una tirita para un cáncer y claudicar ante el sistema. Con lo que han robado los plutócratas y la corrupción tanto política como por parte de los corruptores, habría ya más que suficiente para poner esta medida en marcha. La solución no es volver a la leche en polvo y el queso de los americanos, que se vivió en el franquismo. No, la solución temporal mientras cambiamos tantas cosas y renacionalizamos, volvemos a levantar un poderoso sector público, conseguimos la banca pública y la reforma fiscal justa, es un salario digno para personas paradas.

Hay que recuperar tantas cosas. Hay que volver a los pueblos y acabar con esta sociedad loca e insostenible que nos han creado. Hay que resistirse a ser el prostíbulo de toda la porción de mundo que esté a menos de cuatro horas de avión. Hay que recuperar la dignidad. Hay que vencerles y echarles, a ellos a los del 135, los de los sobres, los que están al servicio exclusivo de los poderosos y los ricos, que son los que sí se benefician de tanto paro.